MARATÓN DE LA ESPERANZA

“ Porque después de todo he comprendido que lo que el árbol tiene de florido vive de lo que tiene sepultado”.

“Tengo por bien sufrido lo sufrido, tengo por bien llorado lo llorado”.

Porque después de todo he comprendido que Dios es la causa de las causas, el fin de los fines y el porqué de los porqués.

Él es la razón de mi vida y la razón de mi correr...

Porque después de todo he comprendido porqué yo he de glorificar a su majestad nuestro Señor, pues su cuerpo es mi cuerpo y sus fuerzas son mis fuerzas.

Porque después de todo he comprendido que si bien cantar es rezar dos veces, también es posible correr rezando y rezar corriendo destruyendo al indómito espacio tiempo y forzando nuestro cuerpo hasta el límite de sus fuerzas, donde la fatiga, el sudor de nuestra frente y la respiración alocada, obstáculos cruciales que nos separan de la meta final, son batidos por ese empuje celestial, por esa voluntad de hierro que corre por nuestras venas y que alimenta insaciablemente nuestro espíritu y que nos da ganas de gritar bien fuerte : YO PUEDO.

Animado por la fortaleza de Dios, dotado de una fuerza invencible marcha un atleta tras una ilusión.

Cubierto su rostro de sudor, bate en canto triunfal los 42 KM que lo separan de su meta final.

Más allá del tiempo de carrera, más allá del tiempo grato compartido sobrevive la alegría de haber encontrado detrás de ese sufrimiento la razón de nuestras fuerzas sobrehumanas : Dios. Por el corro, por el vivo y por el moriré...

 

                                                                                          Fernando E. Ruiz